14 de abril de 2015

Discutiendo la inflación en Argentina: ¿Problema o campaña política?

Discutiendo la inflación en Argentina:
¿Problema o campaña política?


Por Juan Carlos Travela

La necesidad de generar crecimiento y empleo es algo que a priori nadie parece dudar, como así tampoco la necesidad de controlar la inflación, tema que aparece constantemente en la agenda de casi todos los partidos políticos en la Argentina.
Sin embargo, más allá de la larga preocupación que poseen los “equipos económicos” en nuestro país, parecería que las soluciones siempre son las mismas e incluso hasta se demuestra poco entendimiento sobre las causas que generan la inflación.
Las explicaciones de los políticos recaen en: incertidumbre, desconfianza, impresión de billetes: “darle a la maquinita” para financiar el endeudamiento. También se habla de la necesidad de un banco central independiente de los gobiernos de turno, como si existieran evidencias claras de los resultados antiinflacionarios de esta medida (Chang, 2008).  
Por otro lado, si nos adentramos en la academia tampoco es que las explicaciones con más repercusión dan respuesta a este fenómeno. Como afirma el profesor Astarita, estas pueden demostrar un alto desarrollo matemático pero bien sabemos que esto no implica solidez alguna en los supuestos empleados, ni tampoco garantiza el carácter científico de la teoría (Astarita, 2013). Y esto queda demostrado en la falta de comprobación empírica de las relaciones causales planteadas.
Respecto a la teoría keynesiana, esta cayó en el dilema de la curva de Phillips, es decir que a menor tasa de desempleo mayor es la inflación. La teoría neoclásica parte del pleno empleo, y explica que un aumento en la oferta monetaria estimula la demanda agregada con una oferta agregada justamente limitada por el pleno empleo. Y de esta forma se genera la inflación (Shaikh, 2001). En términos más sencillos, la inflación se da ante un aumento de la oferta monetaria por la imposibilidad de aumentar la oferta agregada, cuando se está cerca del pleno empleo y la demanda agregada mantiene su ritmo creciente.
Hasta aquí no encontramos explicación valida, ya que estas teorías, como tantos otros postulados neoclásicos, no tienen demostración empírica. Tanto en la década del ´30 como en la segunda mitad de la década del ´70 y la década del ´80 Estados Unidos tuvo un bajo nivel de actividad y alta inflación, mientras que durante la década de los ´90 la tasa de desempleo estuvo en números históricamente bajos (5,4%) y sin embargo los niveles de inflación se mantuvieron estancados (Shaikh, 2001).
Llegado este punto, uno de los objetivos (aunque no el único) de este escrito es discutir la causa de la presión inflacionaria sobre el nivel absoluto de precios, que se da justamente por una razón intrínseca al sistema capitalista: “El orden a través del desorden”, es decir la falta de planificación.
La economía está compuesta por capitales individuales (empresas), que desean autoexpandirse sin preocuparse directamente por el lugar que ocupan dentro de la división global del trabajo, es decir que si una empresa expande su producción y gana mercado, puede pasar que el aumento en la demanda agregada no sea lo suficientemente grande para lograr absorber el aumento de producción del total de las empresas del rubro. Lo que genera una destrucción de capital. Esto sucede en los ciclos económicos. Vivimos en un mundo donde hay fases de exceso de demanda que son compensados con excesos de oferta en el periodo siguiente, lo que genera constantes variaciones en las tasas de inversión de la economía y las tasas de ganancia. Cuando la tasa de inversión varía en forma positiva respecto a la tasa de ganancia se generan presiones inflacionarias. De forma contraria, cuando varía la tasa de ganancia en la economía por encima de la tasa de inversión no tenemos inflación. Esto demuestra como en distintos periodos podrían convivir simultáneamente una alta tasa de empleo y aumento en la oferta monetaria sin poseer presión inflacionaria.
Esta teoría se encuentra desarrollada en Shaikh (2002), y permite entender la inflación no solo en países desarrollados sino también en países subdesarrollados, asentándose en datos estadísticos. Sumado a esto, los licenciados Martín Harracá (2011) y Emanuel Mascareño (2011) han comprobado mediante un estudio estadístico, que la misma relación entre tasa de inversión y tasa de ganancia se da para el caso argentino.
Hasta aquí presento brevemente al lector una explicación distinta sobre el fenómeno inflacionario con el objetivo de incentivar a la profundización en esta teoría, que a diferencia de las teorías altamente difundidas por el mainstream, posee corroboración empírica. Sin embargo, esto no termina acá.
Estamos empecinados en controlar la inflación, ya que por algún motivo entendemos que esta es perjudicial para el crecimiento. No obstante voy a presentar algunos datos que ponen en cuestionamiento esta afirmación:
En las décadas del ‘60 y del ‘70 Brasil tuvo un índice de inflación promedio del 42%[1] y a pesar de ello era una de las economías que más rápido crecía en el mundo a una tasa del 4,5% anual, mientras que entre 1995 y 2005, cuando adoptó políticas neoliberales, su índice de inflación era del 7% y su crecimiento anual del 1,3%. Por otro lado, En la década del ‘60 y del ‘70, Corea Del Sur crecía a un 7% anual y tenía una inflación anual promedio del 20%, muy por encima al de Venezuela, Bolivia, México, Perú y Colombia, por ejemplo. (Chang, 2008).  
Estos datos demuestran que no es incompatible la inflación con el crecimiento económico, aunque si es necesario entender que no estamos hablando de hiperinflación. “La inflación elevada es perjudicial pero la moderada (de hasta un 40% anual) no solo no es necesariamente perjudicial sino que incluso puede ser compatible con un crecimiento rápido y creación de empleo” (Chang, 2008).
Ahora bien, ¿por qué es sumamente necesario entender que no es perjudicial un nivel de inflación del 25% o 30%?, los economistas neoliberales afirman a ultranza la necesidad de reducir la inflación, y las estrictas políticas monetarias y fiscales que se requieren para disminuir la inflación son susceptibles a bajar también el nivel de actividad económica, la mano de obra, y los salarios. Esto es lo que Ha-Joon Chang llama “el precio de la estabilidad de precios”.
En Argentina, si pensamos un momento claro en donde no tuvimos inflación en las últimas décadas no podemos dejar de pensar en cómo terminó: 25% de desocupación y 50% de la población por debajo de la línea de pobreza. Pero Chang presenta otros datos también interesantes: En 1994, el gobierno sudafricano declaró que aplicaría política macroeconómica al estilo del FMI. Hacia el año 2000 la inflación en Sudáfrica era solo del 6,3% pero el costo para su población fue un desempleo oficial del 26%-28% (Chang, 2008). Los datos sudafricanos también presentan una relación (al menos parcial) con la teoría de Shaikh ya que la tasa de inversión de su economía cayó durante ese periodo de niveles del 25-30% del PBI al 15% del PBI, es decir que suponiendo que su tasa de ganancia no presentó variaciones significativas, una variación negativa de la tasa de inversión sobre la tasa de ganancia estable genera una caída en la presión inflacionaria. Más allá de la falta de comprobación empírica de la teoría neoliberal, no podemos dejar de destacar que los países desarrollados, han hecho en el pasado justamente lo que nos recomiendan no hacer, y que los políticos con ideales neoliberales llevan adelante.
Por otro lado, uno de los postulados que mencionamos al principio, la independencia del banco central, también es cuestionable. Si el único objetivo de este es controlar la inflación, consolidará institucionalmente un programa monetarista que va a minar las posibilidades de alcanzar objetivos como el crecimiento y la reducción del desempleo, ya que nada tienen los tecnócratas de apartidarios, y responden claramente al sector financiero(Chang, 2008).
Por último, es cierto que la inflación afecta a todos y es mucho más perjudicial para las familias de más bajos ingresos, sin embargo aquí la baja inflación resguarda los ingresos presentes de los asalariados pero pone en peligro los ingresos futuros, dado que para controlar la inflación los gobiernos neoliberales llevan adelante las políticas perjudiciales que hemos mencionado anteriormente (Chang, 2008).
Para concluir, no estoy diciendo que no es posible reducir la inflación sin generar desempleo y sufrimiento para los trabajadores, pero como bien explica Shaikh, para reducir la inflación y mantener un nivel de inversión que me permita generar empleo, debo aumentar la tasa de ganancia de mi economía, y esto es lo más complicado de hacer, ya que para generar una mayor tasa de ganancia sin aumentar la tasa de explotación debo aumentar de forma notable mi competitividad. Si no, lo más fácil técnicamente pero doloroso para los pueblos, y adonde apuntan los políticos más ligados al mainstream económico, es decir, a la teoría neoclásica-neoliberal, es a reducir la tasa de inversión mediante la reducción de la oferta monetaria y el gasto público, justamente donde no queremos llegar.
Según datos del Banco mundial la desocupación en la Argentina para el año 2013 rondaba el 7.5%[2], con un  18.2%[3] de inflación y un crecimiento del 2.9%[4] del PBI anual. Por eso, para quien escribe, una inflación moderada y controlada que ronde el 30% anual es claramente menos perjudicial que el remedio que nos proponen los políticos neoliberales, siempre y cuando, a través de paritarias, los trabajadores no pierdan poder adquisitivo.


Referencias bibliográficas:

·         Rolando Astarita (2013): Enseñanza de la Microeconomía y pluralismo. Rolando Astarita Blog. [En Línea] 01-04-2015

·         Ha-Joon Chang (2008): “¿Qué fue del buen samaritano? Naciones ricas, políticas pobres”, Barcelona. Fund. IntermonOxfam.

·         Martín Harracá (2011) y Emanuel Mascareño (2011): “La Inflación desde una perspectiva crítica”. Revista Kamchatka, donde la economía política resiste.

·         Anwar Shaikh (2001): La explicación de la inflación y el desempleo: una alternativa... Dossier: Trabajo, alienación y crisis en el mundo contemporáneo, en Razón y Revolución nro. 7, verano de 2001, reedición electrónica. [En Línea] 01-04-2015



[1] Datos extraídos de Ha-joon Chang (2008), “¿Qué fue del buen samaritano?, Naciones ricas políticas pobres”
[2] http://datos.bancomundial.org/indicador/SL.UEM.TOTL.ZS/countries/1W-AR?display=graph
[3] http://datos.bancomundial.org/indicador/NY.GDP.DEFL.KD.ZG/countries/1W-AR?display=graph
[4] http://datos.bancomundial.org/indicador/NY.GDP.MKTP.KD.ZG/countries/1W-AR?display=graph


Discutiendo la inflación en Argentina: ¿Problema o campaña política? - (c) - Juan Carlos Travela

12 de febrero de 2015

Innovación abierta y su potencial desaprovechado


Aclaración: Nota de opinión publicada desde Colectivo por la Igualdad, con la colaboración de los compañeros Ignacio Scuderi y Ana Maria Vaquez Duplat a quienes agradezco profundamente. 

Ver nota publicada en: 
http://www.derechoalaciudad.com.ar/2015/02/innovacion-abierta-y-su-potencial.html

Innovación abierta y su potencial desaprovechado - (c) - Juan Carlos Travela

Innovación abierta y su potencial desaprovechado


Por: Juan Carlos Travela

Mucho se ha avanzado en la ciencia económica desde que Joseph Schumpeter planteó que la innovación es realizada por el empresario innovador, con el único fin de mantener o aumentar su tasa de ganancia. Aquí se resaltó la importancia del empresario innovador como el actor más importante en el proceso dinámico, que lleva a la transformación cualitativa de la sociedad. Con el correr de las décadas surgen nuevos conceptos como el de innovación abierta, donde los usuarios forman parte del proceso de innovación, adaptando los productos y/o procesos productivos a partir del propio uso y en interacción con el resto de los actores. Éste se lleva adelante en laboratorios ciudadanos, un ejemplo de estos es el de Nokia localizado en Finlandia.

Hasta aquí, si bien se modificó el proceso de innovación dándole lugar al usuario, éste se realizó en pos de obtener un nuevo producto para colocar en el mercado, es decir, aumentar la tasa de ganancia de la empresa. Sin embargo, en Latinoamérica surgieron estos laboratorios ciudadanos en sectores socioeconómicamente marginados, no con el objeto de generar beneficios para un privado sino para mejorar las condiciones de vida de la población (Schiavo, et al., 2013). Un ejemplo de esto es el Centro Tecnológico Comunitario (CTC) de Nono, un pequeño pueblo de tras la sierra, Córdoba, que tras varios años de trabajo, logró brindar conectividad, alfabetización digital y competencias en TIC que le permitió a los integrantes del CTC ganar un concurso de subsidios del FONSOFT. Además, logró brindar educación superior mediante un convenio con la UNL, lo que significó que la población de Nono no tenga necesariamente que irse del pueblo en búsqueda de una carrera universitaria[1].

La innovación abierta y el uso de tecnologías de la información y comunicación en comunidades en situación de vulnerabilidad generan innovaciones, aumento de las habilidades de las personas, inclusión de nuevos actores, y fortalece la identidad comunitaria. Para Michael Gurstein, doctor en ciencias sociales de Cambridge, la innovación no se trata de novedad, sino de “novedad aquí” haciendo referencia al contexto particular, cultural y económico del lugar donde se lleve adelante, lo que explica lo sucedido en Latinoamérica. Además explica cómo la innovación abierta produce impactos positivos no solo a través del efecto “trickle down”, de arriba hacia abajo, sino también “trickle up” donde los cambios realizados en la comunidad tienen beneficios potencialmente distribuidos (Finquelievich, 2014). 

Esta posibilidad de trabajar en conjunto en pos de generar innovaciones sociales permite contrarrestar las desigualdades que genera en una comunidad, la incorporación de TIC por parte de los actores mejores posicionados. Para intentar que esto no suceda, justamente se necesita una infraestructura social de apoyo que aglutine los esfuerzos comunitarios, los multiplique y regenere constantemente. 

Nuestro jefe de la Ciudad, Mauricio Macri, conoce el concepto de innovación abierta. Podemos verlo en “Innova Lab” al que se define en la página del GCBA como un “espacio para crear nuevos conocimientos de manera totalmente colaborativa con el resto de la Sociedad”[2]. Sin embargo parece haberse quedado solo con las experiencias europeas, ya que está pensado pura y exclusivamente para empresarios innovadores, emprendedores, pero no con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de quienes más lo necesitan. A la misma conclusión podemos llegar si analizamos los programas que el gobierno de la ciudad promueve para generar inclusión y desarrollo económico, donde los requisitos para acceder a créditos a tasa cero son, por ejemplo, poseer garantías de tercero, inscripción en AFIP, entre otros requisitos de difícil acceso para actividades informales. 

Está claro que el partido que gobierna la Ciudad de Buenos Aires desde el año 2008 no tiene como meta mejorar las condiciones de vida de todos los porteños y las prioridades están a la vista, no solo en sus programas donde excluye a los más necesitados de forma explícita, sino también en el incumplimiento de leyes de urbanización y en la reducción constante del presupuesto destinado a la vivienda.

En este contexto los programas que impulsan la innovación ha sido solo para unos pocos privilegiados, es decir los que innovan pensando en el mercado, respetando, en palabras de Harvey, las pautas de la socialización de la personalidad humana de la ética neoliberal: el intenso individualismo posesivo (Harvey, 2013). 

Frente a la villa 1-11-14, se está construyendo NIDO (Núcleo de Inclusión y Desarrollo de Oportunidades) al que se le asignó un presupuesto de $ 61.203.488,88[3]. Aún siendo un avance para un sector de la población que siempre ha recibido migajas de las políticas públicas del GCBA, mantiene esta misma lógica, la del “trickle down”. Un lugar donde se brindan capacitaciones, guarderías y esparcimiento no es necesariamente un centro donde se impulse la innovación abierta. Una lectura de “NIDO: La oportunidad para el barrio”[4] publicada en la página del Gobierno de la Ciudad, nos acerca a la conclusión de que este centro social no es otra cosa que el acceso a servicios que hasta el momento se le habían negado a los vecinos.

Las necesidades de nuestra población requieren de una política más activa, comenzando por ser una prioridad, ya que tras siete años de gestión NIDO no es más que un proyecto.

Bibliografía:

·         Schiavo, Ester; Dos Santos Nogueira, Camila; Vera, Paula (2013)“Entre la divulgación de la cultura digital y el surgimiento de los laboratorios ciudadanos. El caso argentino en el contexto latinoamericano”. Revista CTS n°23, vol. 8 (pág. 179-199). [En Línea] 27.01.2015
< http://www.revistacts.net/volumen-8-numero-23 >
·         Finquelievich, Susana (2014). “Innovación abierta en la sociedad del conocimiento: redes transnacionales y comunidades locales”. Buenos Aires, 2014. ISBN: 978-987-33-6079-4
[En Línea] – 27.01.2015
·         David Harvey (2013). “Ciudades rebeldes: Del derecho de la ciudad a la revolución urbana”. Madrid, 2013. ISBN :978-84-460-3799-6.



[1] http://www.enredando.org.ar/2013/07/11/nono-tiene-un-centro-tecnologico-comunitario-unico-en-traslasierra/
[2] http://www.buenosaires.gob.ar/modernizacion/institucional/gobierno-abierto
[3]http://www.buenosaires.gov.ar/areas/planeamiento_obras/licitations/web/uploads/30fa2c82ba8f3860ac47ee6d5b2ba1f1.pdf
[4] http://www.buenosaires.gob.ar/noticias/nido-la-oportunidad-para-el-barrio