13 de octubre de 2015

La inseguridad neoliberal no es una sensación

La inseguridad es un tema que está de lleno en nuestra agenda, y más allá de la crítica que uno puede tener sobre la manipulación de la opinión pública que realizan los medios de comunicación dominantes, es imposible negarla.
Por otro lado, datos del Banco Mundial nos muestran que entre el año 2008 y el año 2010, por ejemplo, se redujo en 0.3 la cantidad de asesinatos por cada 100.000 habitantes[1] en la Argentina, es decir que calculando aproximadamente por 40 millones de personas, hubo 120 asesinatos menos durante ese año en relación al año 2008. Sin embargo, aun variando, ese indicie ronda entre 5.3, 5.5, 5.8 asesinatos cada 100.000 habitantes. Países ricos como los Estados Unidos, por ejemplo, tenían en 2010 un valor de 4.7 asesinatos por cada 100 mil habitantes, mientras que Uruguay y Brasil tenían valores por 6.1 y 22.2 respectivamente.
Estos datos nos muestran que la inseguridad no es un problema exclusivamente argentino, que no hubo variaciones significativas en esos años comparado con otros países, y que países como Uruguay y Brasil tienen peores índices que los argentinos.
Hecha esta primera aclaración vale la pena mencionar que este índice excluye los asesinatos por conflictos armados, es decir, por las guerras.  Ahora bien, ¿Cuál sería el índice de los Estados Unidos, por ejemplo, si incluyéramos los asesinatos en las guerras donde ellos participan? ¿A caso no hay inseguridad en las invasiones y guerras promovidas por EEUU? El motivo por el que se excluye parece obvio, la cantidad de muertes en una guerra es exponencialmente mayor por lo que no se podría comparar, sin embargo, dado que “[…] el método inicial del capital es la destrucción y aniquilamiento sistemático de las organizaciones sociales no capitalistas” (Alvater, 2011), para que exista “la paz social” que reclaman los medios burgueses, parece ser que antes tuvo que haber una matanza sistemática. Hecho que vale la pena siempre recordar.
En América Latina, se ha impuesto esta relación de producción a través de la violencia, y fue incluso la burguesía quien reforzó el aparato institucional del Estado con el fin de movilizar los recursos y garantizar la expansión y reproducción del sistema capitalista (Oszlak, 1978), como explicó Rosa Luxemburgo (1967) “[…] de esto resulta la aniquilación de conformaciones sociales de la economía natural, con el arrasamiento de pueblos aborígenes enteros con sus sistemas sociales, culturales y económicos”.        
Entonces, a dónde queremos llegar con esto que pareciera no venir al caso, a que como explica Alvater (2011) entre otros autores, “el concepto de inseguridad no es unívoco”. ¿Qué entendemos por inseguridad?
La Organización Internacional del Trabajo (OIT)[2] propone un concepto de seguridad donde se tiene en cuenta, por ejemplo, la seguridad del mercado laboral, la seguridad del empleo, la seguridad en el trabajo, la seguridad ocupacional, la seguridad para el desarrollo de las calificaciones profesionales, la seguridad en el ingreso, seguridad de representación, entre otros.
Por otro lado, el capital reclama seguridad para generar confianza en los inversionistas y en los empresarios (Alvater, 2011), garantizando el tan conocido concepto “buen clima de negocios”.
El problema aquí es que, como bien explica Alvater (2011), “la seguridad de la corporación empresaria nunca estará en congruencia con la seguridad humana, o con la seguridad socioeconómica. En este contexto, la seguridad puede llegar a contradecir los derechos humanos”.
Por ejemplo, la seguridad de representación que propone la OIT es la protección de la representación colectiva en el mercado de trabajo mediante sindicatos. La seguridad en el ingreso reclama métodos de proporcionar ingresos adecuados, la seguridad del mercado laboral significa niveles de empleo garantizados por la política macroeconómica, así podemos seguir. Sin embargo, este tipo de derechos conlleva a una injerencia estatal que muchas veces no gusta a los sectores que piden seguridad para los empresarios. En muchos momentos de la historia podemos ver como sí hubo seguridad para el sector empresarial, y no hubo seguridad para el pueblo, como lo establece la OIT.
Otro ejemplo, es que no se permite el ingreso libremente de los migrantes a la Unión Europea, o a Estados Unidos por cuestiones económicas, debido a la mayor redistribución de plusvalías que esto provocaría en los Estados receptores[3], aun violando la declaración de los derechos humanos[4].
Por último, la única coincidencia es que el garante de la seguridad que se reclama desde estos dos sectores es el Estado. Por ejemplo, mientras el Estado argentino significó la seguridad para el sistema financiero, otros Estados en el mundo han logrado brindar seguridad para la población. Ernesto Guevara, en su carta de despedida a Fidel[5], en uno de los últimos párrafos dice:    
   “[…] que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena; me alegro que así sea. Que no pido nada para ellos, pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.”
            Para concluir, en la carta del Che, en el concepto de seguridad que reclama la OIT y en la declaración de los derechos humanos podemos ver como un concepto de seguridad es antagónico al concepto de seguridad que reclama el sector empresarial desde los medios de comunicación, siendo esto una clara demostración de lo que se conoce como lucha de clases. Entonces, dado que existe una contradicción en el significado de seguridad, al momento de elegir representantes que dirigirán el Estado, debemos tener consciencia de a quién se le va a garantizar la seguridad.

Referencias Bibliográficas:
·         Alvater, Elmar (2011). “Los límites del capitalismo, acumulación crecimiento y huella ecológica”, Buenos Aires, Mardulce.
·         Luxemburgo, Rosa, (2011) La acumulación del capital, Madrid, Ediciones Internacionales Sedov.
·         Oszlak, Oscar. (1978). “Formación histórica  del Estado en América Latina: Elementos teórico-metodológicos para su estudio”, Buenos Aires, Estudios CEDES.



[1] Ver Datos del banco mundial: http://datos.bancomundial.org/indicador/VC.IHR.PSRC.P5/countries/AR-BR-UY-US?display=graph
[2] Ver: http://www.ilo.org/global/about-the-ilo/mission-and-objectives/lang--en/index.htm
[3] Libertad solo para el capital. Ver: http://depensadores.blogspot.com.ar/2015/09/libertad-solo-para-el-capital.html
[4] Ver: http://www.un.org/es/documents/udhr/
[5] http://www.ciudadseva.com/textos/otros/che01.htm

29 de septiembre de 2015

Eso que te falta para llegar a fin de mes

Hay muchas frases irónicas en nuestro colectivo imaginario que hacen referencia a las injusticias, las cosas jodidas de la vida, etc, como por ejemplo “nos sobra mucho mes al final del sueldo”. Sobre este tema hay incluso muchas notas periodísticas que intentan ayudarnos y nos dan consejos para que llegar a fin de mes no sea tan complicado.
Contrariamente, lo que esta nota intenta poner en cuestionamiento no es como llegar a fin de mes, sino justamente qué es lo que nos falta para tan complicado objetivo, algo que muchas veces pasa desapercibido, o que parece ser obvio, pero creo que no lo es.
Vale la pena explicar que al venderse, la fuerza de trabajo se convierte en la única mercancía que genera más valor del que necesita para reproducirse, por este motivo existen personas que contratan a otras para realizar un trabajo, y obtienen por un lado las ganancias que se destinan al sueldo de este trabajador, más un plus que es la ganancia en este caso del capitalista. Por ejemplo, si contrato por $6000 por mes a una persona es porque esta genera más de $6000 por mes con su trabajo, sino no la contrataría.
Siempre que uno es un trabajador asalariado está generando más valor que el sueldo que recibe por su trabajo, sino, cuando esto no es así o bien es despedido, o bien la empresa que lo contrata quiebra y se queda sin trabajo.
Hasta aquí no se ha dicho nada que no sea sumamente conocido en algunos sectores de la academia. La cantidad de trabajo humano abstracto socialmente necesario y objetivado es lo que determina el valor de una mercancía. Esta es la teoría del valor trabajo marxiana, la que no se acepta en la corriente que domina las ciencias económicas, y es reemplazada por otras teorías que muy cerca están de lo ridículo y son extremadamente contradictorias. Esto se comprueba simplemente preguntándole a un economista ortodoxo cómo se genera el valor.
Esa parte del valor que generamos con nuestro trabajo y que es retenida por el capitalista, es la que nos está faltando para llegar a fin de mes. En otras palabras, sino fuéramos trabajadores asalariados de una empresa, ganaríamos mas plata, es decir, nuestros sueldos serían más abultados, justamente por quedarnos con esa plusvalía generada.
Acá empieza la hecatombe. ¿Por qué entonces en Cuba un trabajador gana 15 dólares por mes?, ¿Por qué  entonces no trabajas por cuenta propia y no se te expropia plusvalía? ¿Quién te obliga a trabajar para una empresa?, Y probablemente al lector se le ocurran muchas más de estas preguntas.
Es aquí donde la teoría marxiana nos viene a responder cada uno de estos interrogantes.
Para que un bien posea valor de cambio debe ser “objetivado en el mercado” es decir, se debe poder vender, ya que si no hay demanda no hay realización de valor. Por ejemplo, este artículo no posee valor de cambio. Si bien me llevó trabajo escribirlo, no existe nadie que esté dispuesto a comprarlo, entonces ésto me generó un gran valor de uso pero no valor de cambio, es trabajo de carácter privado (de quien escribe) que no se realiza como valor. Porque más allá de ser gasto de neurona, nervio y músculo, es trabajo que no demanda la sociedad. Además, en caso de que una persona decida comprar este artículo, no se me va a pagar de acuerdo al tiempo que tardé en escribirlo, sino al tiempo socialmente necesario que se tarda en hacerlo, es decir, si yo tardé más de lo que la tecnología promedio tarda en producir este artículo, esa diferencia de tiempo no se me va a pagar. Es decir, si se tarda 2 horas en escribir este artículo, voy a recibir el pago por 2 horas, más allá de que yo haya tardado 4. 
Volviendo a nuestros interrogantes, se pueden mencionar varios elementos pero voy a desarrollar dos: la necesidad de poseer bienes de producción y la competencia.
En primer lugar, para poder producir se necesitan bienes de capital, es decir, maquinas que nos generan costos que muchas veces no estamos en condiciones de afrontar por nuestra propia cuenta. En segundo lugar, supongamos que sorteado ese primer obstáculo, comenzamos el proceso productivo, llevamos al mercado nuestra mercancía, y resulta ser que otras empresas de otros países capitalistas venden el mismo producto a un precio mucho menor, porque han invertido 10 veces más que nosotros y producen más barato (en el más noble de los casos). Esto es lo que sucede en Cuba. Cuando no se produce con la tecnología promedio hay valor que no se realiza, trabajo privado que no genera valor de cambio, y por ese motivo la recompensa es menor. Acá está presente una gran dificultad de un país que avanza hacia el socialismo sin haber desarrollado previamente sus fuerzas productivas.
Por otro lado, en el contexto en el que estamos, en un país capitalista que comercializa en un mundo capitalista, en determinados rubros nos vemos obligados a trabajar para empresas privadas, dado el costo hundido necesario para la producción, la necesidad de nuclear un alto número de especialidades diferentes no contratando trabajadores sino teniendo socios (ya que sino estaríamos convirtiéndonos en explotadores), y la dificultad de colocar nuestros productos compitiendo contra firmas multinacionales que poseen prestigio y son reconocidas en estos rubros.
Como habrán visto, no se trato de explicar cómo llegar a fin de mes, sino de explicar de qué se trata eso que nos falta en el sueldo, y contarte porque es tan complicado, dadas las reglas de juego, cambiar la situación.  

Pero es importante aclarar que el capitalista, ese que se queda con una parte de la riqueza que generás, no es alguien imprescindible. Pero si, para evitar ser contratado por uno de ellos y continuar manteniendo vagos, a nivel país se deben generar cambios en la legislación que no permitan justamente la existencia de estos vagos de guante blanco, y por otro lado, mientras a nivel global no se realicen estos mismos cambios, el comercio exterior debe ser fuertemente controlado.


Juan Carlos Travela

1 – Esta nota de opinión fue escrita para presentar en el programa “La Economía No Importó Nunca”, no respeta estilos ni intenta ser un trabajo académico.
2 – Todo trabajador genera plusvalías, no solo el que no llega a fin de mes, el que tiene capacidad de ahorro también es expropiado de sus plusvalías.
3 – El directivo de una empresa (el que direcciona el negocio), no es considerado en este caso un capitalista, sino un trabajador. El capitalista es el que otorga el capital y obtiene beneficios sin trabajar