20 de noviembre de 2014

De trapito a barra brava

Esta mañana Infobae salió con la encuesta: ¿Cree que la Ciudad debería prohibir la actividad de los trapitos y limpiavidrios? El resultado fue rotundo. Sin embargo, me animo estar en desacuerdo con el 95% de los votantes, ya que creo entender su postura pero a su vez creo que no están teniendo una buena lectura del problema. No es que simplemente crea que criticar a los trapitos sea algo de gorila, incluso también defiendo esta postura porque a mi entender, es defender el bolsillo del trabajador que se ve obligado a pagar por un servicio que no quiere, todo por no tener el dinero suficiente para pagar un estacionamiento. Tener un auto, claro está, no significa disponer del excedente suficiente para andar regalando plata cada vez que se estacione, o se decide ir a un espectáculo, y los trapitos te obligan a pagar, ya que si no lo haces, en la mayoría de los casos, cuando volvés el auto lo encontrás dañado.
También es necesario aclarar, que no se puede generalizar y meter a todos los trapitos en la misma bolsa. Hay quienes obtienen de esta actividad los medios de subsistencia, pero también los hay, y mucho, los que forman bandas organizadas que llevan adelante varias actividades ilícitas. Estas bandas, a las que voy a criticar, son las que terminan de exprimir el bolsillo del trabajador, ya no solo exprimido por el sistema sino también por los (auto?) excluidos del mismo.
Por ejemplo, muchas veces se cree que el fútbol genera violencia y es un problema en sí mismo. Asociamos a las barras bravas con la pasión, y de ahí que hace mucho tiempo tenemos el mismo problema, el de la violencia en el fútbol, y no lo podemos solucionar. Las disputas no son por defender una camiseta, son para decidir quién controla estos negocios.  Las barras bravas argentinas son lo que son las maras en Centroamérica, Chicago, etc. son  pandillas que se han apropiado del fútbol por ser el deporte más popular, simplemente porque cada partido es un mercado inmenso, donde el negocio de la reventa de entradas, de los puestos de ropa, del estacionamiento en la calle, es millonario.
Al ser los clubes de fútbol los que han generado las mayores infraestructuras (debido a su popularidad centenaria), son los que por ende alquilan sus estadios para realizar grandes eventos, y es donde la pandilla de turno (de acuerdo a cada club) se encarga de realizar las actividades mencionadas anteriormente. Entre ellas la de cuidar el auto.
Más flagelos se reproducen. Estas bandas ya autofinanciadas, se asientan sobre los clubes, amenazan a los jugadores, a dirigentes, a periodistas, que muchas veces por temor a represalias (son comunes las amenazas a las familias de los dirigentes) terminan siendo cómplices. Transa va, transa viene, y estas mismas asociaciones criminales terminan trabajando para dirigentes políticos, y, en donde cae uno caen todos, crece la complicidad e impunidad. En consecuencia aumentan su poder y su tamaño,  ya que hay más torta para repartir. 
 Desde los partidos políticos se ha intentado buscar alternativas para generar soluciones al problema de los trapitos creando un registro de cuida coches. No parece una mala idea, incluso fue una ley aprobada por todo el arco político de la ciudad, sin embargo el Jefe de gobierno la vetó. Aun estando registrados está mal que nos cobren por estacionar en un espacio público, argumentan desde el pro.
Sin embargo, este registro va a estar compuesto por las personas que verdaderamente hacen de esta actividad su forma de subsistir, y dejando a la vista a los trapitos que por algún motivo se nieguen a registrarse. 
Por lo tanto, creando este registro puede que se esté generando empleo para personas en situación de vulnerabilidad, regulando un precio (bono) de estacionamiento en la calle, mucho más barato que el precio que se le ocurra al trapito, generando condiciones de mayor seguridad, y además, se va a desbaratar uno de los negocios ilícitos que llevan adelante las mafias en nuestro país. Es decir, se puede avanzar en un problema mucho más grande.
Viéndolo de esta manera, no parece ser una locura que un trabajador pague por un bono de estacionamiento en la vía pública, que además se puede compensar con la baja en algún impuesto, o mecanismo parecido. Por otro lado se pueden generar condiciones reales para que cada trapito que se registre pueda saltar hacia la formalidad condicionando su permiso para realizar la actividad con alguna obligación (retomar sus estudios, entre otras).
Uno de los votos de ese 5% fue mío. Y aquí expuse mi argumento.    
  
ACLARACIÓN:
NO HAY DATOS QUE SOSTENGAN ESTA NOTA DE OPINION. ES UNA MIRADA, PODÉS COINCIDIR COMO NO. TAMPOCO SE HACE ALUSIÓN A QUE UNA PERSONA QUE CUIDA COCHES TERMINA SIENDO BARRA BRAVA, SE QUIERE DECIR QUE AVANZAR EN UNO DE LOS PROBLEMAS TE LLEVA A AVANZAR EN EL OTRO. TAMPOCO SE MINIZA LA VIOLENCIA ENTRE FACCIONES DEL FUTBOL ARGENTINO QUE SE BASAN EN ALGUNA RIVALIDAD HISTÓRICA, SINO TRATA DE HACER UNA LECTURA MÁS COMPLETA.

Juan Carlos Travela
@JuanCTravela


  

22 de septiembre de 2014

¿Salvar el Planeta?

Imposible en el capitalismo

Por Juan Carlos Travela

“Un cambio imposible en el capitalismo” fue la frase con la que el Doctor en Ciencias Políticas, Igor Fuser, me respondió la pregunta que realicé en la “Conferencia abierta sobre: Las elecciones presidenciales en Brasil" el día miércoles 17 de Septiembre de 2014 en la Universidad Nacional de Quilmes.
Sin embargo mi pregunta no hizo referencia a si algún día se nos iba a devolver la plusvalía expropiada a todos los asalariados, o si Europa iba a reconocer la deuda generada por el asalto al continente americano, o ninguna pregunta, para algunos trasnochada, para otros (en mi caso) nunca contestadas, sino más bien mi pregunta tuvo un carácter ecologista. 
Cabe aclarar que estoy totalmente de acuerdo con la respuesta que se me dio, pero yo no dejo de tener esperanza de que algún día alguien me responda algo distinto, quizás algún lector de esta nota pueda hacerlo. Y es por esta esperanza que mantengo viva, que cada vez que tengo la oportunidad de preguntarle a algún académico que escucho hablar sobre el desarrollo, lo hago. A veces exponiéndome a quedar como un ingenuo, y otras veces sacando a la luz un tema bastante incómodo.

-          Saliendo del debate político electoral y coyuntural, ¿existe en el PT (Partido de los Trabajadores), dado que usted mencionó las inversiones realizadas en refinerías de petróleo, conciencia respecto a la necesidad de avanzar en la utilización de energías alternativas a los combustibles fósiles?     
El catedrático sin vasilar, y con toda la razón, me respondió que Brasil está por debajo del consumo medio de combustibles fósiles, y que el plan no es que Brasil consuma más petróleo, sino exportarlo.
Esto nos deja en el mismo problema: no interesa si se consume en Brasil, en Argentina, en China o Estados Unidos, interesa que se reduzca el consumo mundial ya que el planeta parece no aguantarlo demasiado tiempo más.
Además me respondió: Brasil tiene una gran oportunidad, no puede pecar de ingenuo. Esa pregunta es para Alemania, no para Brasil.
Acá se plantea el tema del desarrollo. Es que Alemania es un país desarrollado, competitivo, sin demasiadas deudas sociales, lo que no es el caso de Brasil, o de los países del tercer mundo. Necesitamos desarrollarnos, agrandar la torta y poder repartir entre todos para terminar con el hambre y la indigencia.
Parece algo muy lógico, pero mi pregunta es: ¿Si TODOS los países que tienen deudas sociales tienen que agrandar la torta para poder repartir,  hasta qué punto el planeta puede aguantar este crecimiento industrial?
¿Y si en lugar de agrandar la torta no le pedimos a los gordos que coman un poquito menos y repartan entre los desnutridos? No les pedimos que dejen de comer, sino que coman un poquito menos.
No puede ser el desarrollo industrial viable absolutamente en todos lados, por un límite que pone la naturaleza, pero mucho menos podemos dejar que las rentas del suelo queden en manos de unos pocos privados, porque si no la gente muere de hambre y tenemos que apostar otra vez por el desarrollo industrial.
Parece ser una cuestión circular, pero no lo es, solo que se quiere evitar el tema. Esta problemática, la del medio ambiente, ha sacado a la luz que los modelos económicos que nos han vendido nos limitan a dos cosas: 1) O convivimos con la indigencia, las villas y la miseria social con un modelo basado en las ventajas comparativas (para la Argentina el campo) cuidando los beneficios privados. O 2) intentamos volvernos competitivos y eficientes, volver  a la industrialización, pero evitando que se aviven los demás países subdesarrollados, porque si se avivan van a producir autos, y entre tantos que produzcamos autos (imagínense 50 países nuevos que produzcan en el mundo) el planeta explota, así que no vamos a vivir más.
¿Alternativas?
No, imposible en el capitalismo.
La otra que queda, para no vivir con indigencia o no suicidarnos (optar por el desarrollo industrial continuo), sería terminar con la anarquía económica. Poner límites a la producción, límites al consumo, tener una economía planificada. Que se regulen los consumos energéticos, y que la producción no se base en principios de mercado sino en principios humanos. Al fin y en cuenta el mercado funciona en base a como se lo regula.
Lástima que para la sociedad la libertad  significa poder elegir cuántos miles de toneladas producir, cuántas divisas comprar,  cuántas veces cambiar el auto, y no entiende que la libertad es otra cosa. Es disponer del tiempo para intentar ser feliz, realizarse como ser humano, estar con los seres queridos. Ser libre es despojarse de la necesidad del consumo infinito.
Luego de decirme que mi pregunta corresponde a Alemania, Igor Fuser dijo otra gran verdad: “Existe una gran hipocresía respecto a la cuestión ambiental en el mundo, por más nobles que sean las metas de las fundaciones del norte”.
Acá se refiere a las fundaciones ambientalistas, un grupo de personas que parecen no entender que el problema ambiental es sistémico. Por más concientización respecto al cuidado de la energía, si los Estados no regulan a las empresas, estas nunca van a respetar el ambiente. El objetivo de la empresa es maximizar sus beneficios, es decir que la diferencia entre ingresos y costos sea lo más alta posible, por ese motivo nunca van a optar por métodos de producción que eleven sus costos, al menos nunca lo harían las empresas que son “agentes racionales”. Salvo, que para poder producir estén obligados a hacerlo.
¿Pero obligar? No, Nosotros, los liberales, nunca obligaríamos. Antes que se termine el mundo.
La pregunta que realicé no era un ataque a Dilma, ni era con la intención de introducirme en el debate electoral brasileño, solo quería saber si en Brasil la discusión había avanzado un poco más que acá. Pero no, la urgencia por el hambre nos lleva a querer desarrollarnos atentando contra el medioambiente sin entender que no es cuestión de agrandar la torta sino repartir la que tenemos.  Pero para eso hay que hacer lo siguiente: Primero lograr que entiendan eso los desarrollistas, y segundo lograr que los terratenientes acepten repartir las ganancias, provenientes y generadas por el planeta, entre todos. Si, una cosa de locos.