5 de julio de 2015

Referéndum, libre comercio y crisis griega: tres páginas para intentar acercarnos al porqué de la crisis

Aun siendo solo una pequeña isla, la crisis griega está en el centro de la escena porque el resultado del referéndum y la dirección que tome el gobierno puede ser un precedente para el resto de los países del sur de Europa que se han visto afectados por la crisis. La disputa no es solo económica sino también política, y pone otra vez en descubierto la querella por la hegemonía y la creciente multipolaridad en el mundo.
En este marco, quienes nos reivindicamos opositores a las políticas neoliberales nos oponemos a la imposición de medidas de ajuste que impone el FMI, mientras que los partidarios del neoliberalismo, la mercantilización de la vida y el supuesto status quo mundial donde se habla de cooperación, derechos humanos y meritocracia (todo ésto inexistente) apoyan el “SI”.
Sin embargo, el debate no puede quedarse solo entre estas dos posturas: despilfarro y mal manejo del Estado vs sistema financiero, sino, deben volver a la escena las explicaciones que intentan buscar soluciones de fondo, donde es probable que haya una mixtura y puntos en contactos entre estas dos opiniones tan enfrentadas.
La gran cuestión es: cuál es la forma en la que se inserta en la unión europea la economía griega, y, si esta estructura productiva puede generar los medios materiales a los que los griegos se acostumbraron durante la década pasada, sin poner en cuestionamiento la apropiación de plusvalías tal cual se vienen dando en la isla (y en el mundo).

¿Qué pasó en Grecia?

Los flujos de inversión que ingresaron a Grecia durante la década pasada, fueron destinados en mayor parte a créditos al consumo y a infraestructura (que no mejora de forma directa la competitividad), pero no a mejorar la productividad de su estructura productiva. En 2010 se conoció que el gobierno griego había falseado datos sobre su economía, y el déficit fiscal alcanzaba el 14% del PBI, el stock de deudas el 120% del PBI y el déficit de cuenta corriente era del 11,6 % del producto nacional bruto (Astarita, 2011).
Sin embargo, a ese nivel se llegó por varios motivos, que no pueden explicarse solo por la mala gestión.
Lo primero que hay que explicar es que la economía griega no tiene los niveles de productividad que tiene la UE en su conjunto[1]. Además, los constantes ingresos de capitales a su economía, que hicieron que durante 5 años Grecia creciera a un ritmo mayor que el promedio de la UE, generaron una inflación mayor al resto[2], lo que elevo sus precios y generó una caída de su tipo de cambio real volviéndola aún menos competitiva. Grecia, al adoptar el euro, renunció a su política cambiaria, lo que no le permite modificar su tipo de cambio nominal y así abaratar sus exportaciones o volver más caras sus importaciones. En el mercado mundial, donde a través del comercio se comparan productividades relativas y tasas de explotación, el tipo de cambio es el conector de los distintos espacios de valor[3], por lo que los países que son menos competitivos tienen tipos de cambios altos. Sin embargo, Grecia constantemente veía caer su tipo de cambio real sin poder modificar el precio de su moneda, por su pertenencia a la unión monetaria.
Por último, además del encarecimiento de precios internos, que perjudicaba la industria turística porque otros destinos se volvían más baratos, hay que sumarle la caída de los ingresos del transporte naval por la crisis internacional, lo que sumado al freno de los ingresos de capitales extranjeros que iban a cubrir el déficit en cuenta corriente, terminó de romper la base endeble de la economía griega. (Astarita, 2011).

Falta de competitividad
  
Las corrientes de comercio internacional se determinan por ventajas absolutas[4], donde los países más eficientes, que generan superávits en sus balanzas comerciales, reinvierten parte de sus ganancias para reproducir sus diferenciales de competitividad volviendo aun mayor su distancia respecto a los menos competitivos, y también reinvierten parte de sus ganancias en inversión en el extranjero. Mientras que los países menos competitivos cubren sus déficits a través del endeudamiento, cuando este está disponible (Lugones, 2012), reduciendo su capacidad productiva al no poder competir. Esto sucede en economías desreguladas ,o aquellas que forman parte de una unión económica y monetaria. Grecia era menos competitiva desde que adopto el euro, y al no poder manejar su tipo de cambio, su balanza de cuenta corriente fue deficitaria durante prácticamente toda la década pasada, mientras que este déficit se pagaba con el ingreso de capitales extranjeros. La Unión Europea es un ejemplo de cómo funciona el libre comercio en una unión económica entre países con niveles de productividad diferentes. Por el mismo motivo se explican los problemas españoles y portugueses que se ven imposibilitados de competir con Alemania, especializándose en actividades que no pueden absorber la mano de obra existente, o que generan menos valor que las actividades industriales de los países del norte de Europa.

¿Más ajustes?

Los ajustes se vienen realizando en Grecia desde el estallido de la crisis[5] y el salvataje de la UE, sin embargo, la economía griega no solo no ha podido crecer para generar los medios de pago de la deuda, sino que los exportadores griegos, aun aumentando sus tasas de ganancia vía baja de salarios, no logran ser competitivos.
Sin la posibilidad de devaluar, la salida es la restructuración económica vía inversión productiva, aunque no se ven soluciones para esta crisis que no tengan una caída de la calidad de vida de los ciudadanos griegos.
En resumen, más allá de la especulación financiera y la fuga de capitales que existió en el país, el problema es estructural y es por falta de productividad. Lo que está en debate es si se acepta el ajuste feroz impuesto por el poder financiero global, o si se busca una reestructuración de la deuda, que permita el pago a largo plazo sin terminar por hundir a los griegos en el desempleo, la falta de atención médica y la desesperanza.
Por eso, en mi opinión el referéndum es: Dignidad vs Neoliberalismo

Juan Carlos Travela

Referencias bibliográficas:

·         Astarita, Rolando (2011). “La crisis Griega”, Rolando Astarita Blog. Buenos Aires.
·         Lugones, Gustavo (2012). “Teoría del Comercio Internacional”, Universidad Nacional de Quilmes, Quilmes.




[1] al momento en el que Grecia adopta el euro, su productividad era equivalente al 88% de la productividad de la UE. Ver: https://rolandoastarita.wordpress.com/?s=La+Crisis+Griega

[2] 3,5% en Grecia vs el 2,3% de la media Europea Ver https://rolandoastarita.wordpress.com/?s=La+Crisis+Griega

[4] Concepto creado por Adam Smith
[5]  Para ver los ajustes en Grecia: http://www.jornada.unam.mx/2012/04/06/edito

14 de abril de 2015

Discutiendo la inflación en Argentina: ¿Problema o campaña política?

Discutiendo la inflación en Argentina:
¿Problema o campaña política?


Por Juan Carlos Travela

La necesidad de generar crecimiento y empleo es algo que a priori nadie parece dudar, como así tampoco la necesidad de controlar la inflación, tema que aparece constantemente en la agenda de casi todos los partidos políticos en la Argentina.
Sin embargo, más allá de la larga preocupación que poseen los “equipos económicos” en nuestro país, parecería que las soluciones siempre son las mismas e incluso hasta se demuestra poco entendimiento sobre las causas que generan la inflación.
Las explicaciones de los políticos recaen en: incertidumbre, desconfianza, impresión de billetes: “darle a la maquinita” para financiar el endeudamiento. También se habla de la necesidad de un banco central independiente de los gobiernos de turno, como si existieran evidencias claras de los resultados antiinflacionarios de esta medida (Chang, 2008).  
Por otro lado, si nos adentramos en la academia tampoco es que las explicaciones con más repercusión dan respuesta a este fenómeno. Como afirma el profesor Astarita, estas pueden demostrar un alto desarrollo matemático pero bien sabemos que esto no implica solidez alguna en los supuestos empleados, ni tampoco garantiza el carácter científico de la teoría (Astarita, 2013). Y esto queda demostrado en la falta de comprobación empírica de las relaciones causales planteadas.
Respecto a la teoría keynesiana, esta cayó en el dilema de la curva de Phillips, es decir que a menor tasa de desempleo mayor es la inflación. La teoría neoclásica parte del pleno empleo, y explica que un aumento en la oferta monetaria estimula la demanda agregada con una oferta agregada justamente limitada por el pleno empleo. Y de esta forma se genera la inflación (Shaikh, 2001). En términos más sencillos, la inflación se da ante un aumento de la oferta monetaria por la imposibilidad de aumentar la oferta agregada, cuando se está cerca del pleno empleo y la demanda agregada mantiene su ritmo creciente.
Hasta aquí no encontramos explicación valida, ya que estas teorías, como tantos otros postulados neoclásicos, no tienen demostración empírica. Tanto en la década del ´30 como en la segunda mitad de la década del ´70 y la década del ´80 Estados Unidos tuvo un bajo nivel de actividad y alta inflación, mientras que durante la década de los ´90 la tasa de desempleo estuvo en números históricamente bajos (5,4%) y sin embargo los niveles de inflación se mantuvieron estancados (Shaikh, 2001).
Llegado este punto, uno de los objetivos (aunque no el único) de este escrito es discutir la causa de la presión inflacionaria sobre el nivel absoluto de precios, que se da justamente por una razón intrínseca al sistema capitalista: “El orden a través del desorden”, es decir la falta de planificación.
La economía está compuesta por capitales individuales (empresas), que desean autoexpandirse sin preocuparse directamente por el lugar que ocupan dentro de la división global del trabajo, es decir que si una empresa expande su producción y gana mercado, puede pasar que el aumento en la demanda agregada no sea lo suficientemente grande para lograr absorber el aumento de producción del total de las empresas del rubro. Lo que genera una destrucción de capital. Esto sucede en los ciclos económicos. Vivimos en un mundo donde hay fases de exceso de demanda que son compensados con excesos de oferta en el periodo siguiente, lo que genera constantes variaciones en las tasas de inversión de la economía y las tasas de ganancia. Cuando la tasa de inversión varía en forma positiva respecto a la tasa de ganancia se generan presiones inflacionarias. De forma contraria, cuando varía la tasa de ganancia en la economía por encima de la tasa de inversión no tenemos inflación. Esto demuestra como en distintos periodos podrían convivir simultáneamente una alta tasa de empleo y aumento en la oferta monetaria sin poseer presión inflacionaria.
Esta teoría se encuentra desarrollada en Shaikh (2002), y permite entender la inflación no solo en países desarrollados sino también en países subdesarrollados, asentándose en datos estadísticos. Sumado a esto, los licenciados Martín Harracá (2011) y Emanuel Mascareño (2011) han comprobado mediante un estudio estadístico, que la misma relación entre tasa de inversión y tasa de ganancia se da para el caso argentino.
Hasta aquí presento brevemente al lector una explicación distinta sobre el fenómeno inflacionario con el objetivo de incentivar a la profundización en esta teoría, que a diferencia de las teorías altamente difundidas por el mainstream, posee corroboración empírica. Sin embargo, esto no termina acá.
Estamos empecinados en controlar la inflación, ya que por algún motivo entendemos que esta es perjudicial para el crecimiento. No obstante voy a presentar algunos datos que ponen en cuestionamiento esta afirmación:
En las décadas del ‘60 y del ‘70 Brasil tuvo un índice de inflación promedio del 42%[1] y a pesar de ello era una de las economías que más rápido crecía en el mundo a una tasa del 4,5% anual, mientras que entre 1995 y 2005, cuando adoptó políticas neoliberales, su índice de inflación era del 7% y su crecimiento anual del 1,3%. Por otro lado, En la década del ‘60 y del ‘70, Corea Del Sur crecía a un 7% anual y tenía una inflación anual promedio del 20%, muy por encima al de Venezuela, Bolivia, México, Perú y Colombia, por ejemplo. (Chang, 2008).  
Estos datos demuestran que no es incompatible la inflación con el crecimiento económico, aunque si es necesario entender que no estamos hablando de hiperinflación. “La inflación elevada es perjudicial pero la moderada (de hasta un 40% anual) no solo no es necesariamente perjudicial sino que incluso puede ser compatible con un crecimiento rápido y creación de empleo” (Chang, 2008).
Ahora bien, ¿por qué es sumamente necesario entender que no es perjudicial un nivel de inflación del 25% o 30%?, los economistas neoliberales afirman a ultranza la necesidad de reducir la inflación, y las estrictas políticas monetarias y fiscales que se requieren para disminuir la inflación son susceptibles a bajar también el nivel de actividad económica, la mano de obra, y los salarios. Esto es lo que Ha-Joon Chang llama “el precio de la estabilidad de precios”.
En Argentina, si pensamos un momento claro en donde no tuvimos inflación en las últimas décadas no podemos dejar de pensar en cómo terminó: 25% de desocupación y 50% de la población por debajo de la línea de pobreza. Pero Chang presenta otros datos también interesantes: En 1994, el gobierno sudafricano declaró que aplicaría política macroeconómica al estilo del FMI. Hacia el año 2000 la inflación en Sudáfrica era solo del 6,3% pero el costo para su población fue un desempleo oficial del 26%-28% (Chang, 2008). Los datos sudafricanos también presentan una relación (al menos parcial) con la teoría de Shaikh ya que la tasa de inversión de su economía cayó durante ese periodo de niveles del 25-30% del PBI al 15% del PBI, es decir que suponiendo que su tasa de ganancia no presentó variaciones significativas, una variación negativa de la tasa de inversión sobre la tasa de ganancia estable genera una caída en la presión inflacionaria. Más allá de la falta de comprobación empírica de la teoría neoliberal, no podemos dejar de destacar que los países desarrollados, han hecho en el pasado justamente lo que nos recomiendan no hacer, y que los políticos con ideales neoliberales llevan adelante.
Por otro lado, uno de los postulados que mencionamos al principio, la independencia del banco central, también es cuestionable. Si el único objetivo de este es controlar la inflación, consolidará institucionalmente un programa monetarista que va a minar las posibilidades de alcanzar objetivos como el crecimiento y la reducción del desempleo, ya que nada tienen los tecnócratas de apartidarios, y responden claramente al sector financiero(Chang, 2008).
Por último, es cierto que la inflación afecta a todos y es mucho más perjudicial para las familias de más bajos ingresos, sin embargo aquí la baja inflación resguarda los ingresos presentes de los asalariados pero pone en peligro los ingresos futuros, dado que para controlar la inflación los gobiernos neoliberales llevan adelante las políticas perjudiciales que hemos mencionado anteriormente (Chang, 2008).
Para concluir, no estoy diciendo que no es posible reducir la inflación sin generar desempleo y sufrimiento para los trabajadores, pero como bien explica Shaikh, para reducir la inflación y mantener un nivel de inversión que me permita generar empleo, debo aumentar la tasa de ganancia de mi economía, y esto es lo más complicado de hacer, ya que para generar una mayor tasa de ganancia sin aumentar la tasa de explotación debo aumentar de forma notable mi competitividad. Si no, lo más fácil técnicamente pero doloroso para los pueblos, y adonde apuntan los políticos más ligados al mainstream económico, es decir, a la teoría neoclásica-neoliberal, es a reducir la tasa de inversión mediante la reducción de la oferta monetaria y el gasto público, justamente donde no queremos llegar.
Según datos del Banco mundial la desocupación en la Argentina para el año 2013 rondaba el 7.5%[2], con un  18.2%[3] de inflación y un crecimiento del 2.9%[4] del PBI anual. Por eso, para quien escribe, una inflación moderada y controlada que ronde el 30% anual es claramente menos perjudicial que el remedio que nos proponen los políticos neoliberales, siempre y cuando, a través de paritarias, los trabajadores no pierdan poder adquisitivo.


Referencias bibliográficas:

·         Rolando Astarita (2013): Enseñanza de la Microeconomía y pluralismo. Rolando Astarita Blog. [En Línea] 01-04-2015

·         Ha-Joon Chang (2008): “¿Qué fue del buen samaritano? Naciones ricas, políticas pobres”, Barcelona. Fund. IntermonOxfam.

·         Martín Harracá (2011) y Emanuel Mascareño (2011): “La Inflación desde una perspectiva crítica”. Revista Kamchatka, donde la economía política resiste.

·         Anwar Shaikh (2001): La explicación de la inflación y el desempleo: una alternativa... Dossier: Trabajo, alienación y crisis en el mundo contemporáneo, en Razón y Revolución nro. 7, verano de 2001, reedición electrónica. [En Línea] 01-04-2015



[1] Datos extraídos de Ha-joon Chang (2008), “¿Qué fue del buen samaritano?, Naciones ricas políticas pobres”
[2] http://datos.bancomundial.org/indicador/SL.UEM.TOTL.ZS/countries/1W-AR?display=graph
[3] http://datos.bancomundial.org/indicador/NY.GDP.DEFL.KD.ZG/countries/1W-AR?display=graph
[4] http://datos.bancomundial.org/indicador/NY.GDP.MKTP.KD.ZG/countries/1W-AR?display=graph


Discutiendo la inflación en Argentina: ¿Problema o campaña política? - (c) - Juan Carlos Travela