Cienfuegos - Cuba

Cienfuegos - Cuba

9 de marzo de 2014

Se intentará poner en cuestionamiento ciertas ideas que se encuentran afianzadas en el inconsciente argentino. Quizás se asemeje o la idea sea parecida al manual de sonseras argentinas, no hay ningún intento de plagio. Más bien quiero discutir los temas que trato.

Por Juan Carlos Travela[1]

“En Argentina se muere de hambre el que quiere”.
Recurrente recurso de gran parte de la clase media apolitizada, o mejor dicho manipulada hacia una orientación política determinada, la derecha, cuando se enfrenta ante una discusión típica que intenta abrir el debate sobre la injusticia social y la necesidades insatisfechas en el país.
El problema en esta afirmación es que elude lo más importante de este debate. Más allá de si es cierta o no, lo que se intenta debatir es el acceso al trabajo digno, que no solo viene a cubrir las necesidades alimenticias, sino también debe cubrir el acceso a la salud, la educación y la vivienda, entre otros. Por más fértil que sea nuestra tierra, con una huerta y enseñándole a sembrar, ninguna familia accede a cubrir estas necesidades.
La economía mundial nos deja entre la espada y la pared. Si seguimos el camino del mundo nos, especializamos en bienes primarios, que nunca darían trabajo al total de la población activa, e industrializarnos es cada vez más difícil dada las barreras a la entrada a determinadas industrias (falta de recursos humanos, capital, escala, conocimiento), por lo que nunca podríamos competir contra los países desarrollados.
¿Que nos queda?
Y una alternativa es vivir con lo nuestro, pero con una pequeña modificación: Que la fertilidad de la Argentina sea para todos los argentinos, no para un par de vivos que la explotan para sus suntuosas vidas y dejan en la miseria a millones.


“¿Si sos tan revolucionario por qué usas blackberry, vas a Starbucks, o trabajas en una multinacional?”

Otro cuestionamiento absurdo del mismo sector. En primer lugar no todos nos consideramos revolucionarios, sino más bien críticos del orden social bajo el cual nos tocó vivir. Además, es absurdo creer que la innovación, en este caso en materia de comunicación, es producto del capitalismo cuando en verdad es producto de la humanidad por sí misma, que presenta numerosas innovaciones en períodos  en donde el sistema de producción NO era capitalista. La empresa, por obviedad en este caso privada, es la que posee los medios de producción suficientes para producir en escala un dispositivo que utilizamos para comunicarnos. Nadie es ni más ni menos capitalista por utilizar un BlackBerry o un iPhone, o por gozar de ciertas comodidades que brinda la tecnología, que no es, como ya dijimos, hija del capitalismo. Exactamente lo mismo vamos a decir sobre los que toman café.
Algo más interesante es debatir el tema sobre las multinacionales. Como trabajador, soy expropiado del plusvalor generado por mi trabajo tanto en una empresa multinacional como en una nacional. Tonto es el que se siente más patriota por trabajar en una empresa nacional, porque es ingenuo que se crea todavía en el capital enraizado a un territorio. El empresario pyme, en la argentina, da trabajo al argentino porque no posee la acumulación necesaria para trasnacionalizarse, no hay un acto de filantropía en este sistema.
El capital no está enraizado. Sino, que alguien explique la inversión de los países centrales en Asia, en la década del 70, cuando en sus propios países se entraba en crisis y desocupación. El empresario no invierte en su país por patriota, invierte si la tasa de ganancia es tal que le conviene hacerlo, sino se va en búsqueda de mayores beneficios.
Si existe algún beneficio de poseer empresas nacionales que crezcan, es que quizás aunque se trasnacionalicen, por una cuestión de ubicación mantengan sus casas centrales, o algún tipo de actividad que genere alguna externalidad positiva en su país, o que mantengan un determinado nivel de consumo en su territorio, pero solamente eso.
El crítico del sistema tiene la necesidad de salir a vender su fuerza de trabajo al igual del que no es crítico, y si es nacional o multinacional, da igual.

“El problema son lo que ganan plata sin laburar” 

Por último tocaremos un tema sensible para la clase media argentina: Los que ganan plata sin trabajar. Lo raro de esto es que seguramente estarán pensando en la asignación universal por hijo o algún tipo de ayuda social. Esto lo voy a dejar de lado, ya que todos sabemos que la propensión marginal a consumir de estas personas es prácticamente 1, y a quienes les compran, o en donde consumen estas personas? En la Argentina, y le compran al empresario! Si! Al comerciante!, es decir que gana la economía en su conjunto. Si no producís bienes que se comercializan en el país o sos comerciante, seguramente estarás empleado por una de estas empresas que se benefician de que la gente pueda consumir. Distinto sería que estas asignaciones sean lo suficientemente grandes para que este capital se globalice, como ya dijimos al principio de esta nota, el capital no está enraizado a un territorio.
Cuando hablo de la gente que gana plata sin trabajar, hablo del accionista, del especulador, de la verdadera lacra de este mundo, del que gana plata sin trabajar, sin producir.
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Juan Carlos Travela
@JuanCTravela





[1] Diplomado en Economía y Administración, estudiante avanzado de Lic. En Comercio Internacional, Universidad Nacional de Quilmes. Investigador-estudiante en Centro Argentinos de Estudios Internacionales, Auxiliar de Investigación en equipo dirigido por la Dr. Schiavo

5 de diciembre de 2013

Registro de conducir economías

Por Juan Carlos Travela[1]

Este artículo intenta analizar la vinculación entre la economía y la política, o mejor dicho, como vemos esta vinculación, que lectura hacemos, y que es lo que ésto implica.
Pero primero hagamos una pequeña analogía para introducir la cuestión que quiero analizar. No es lo mismo conducir en ruta, en autopista, en calles de tierras, o avenidas, ya que en las calles de tierra debes prestar atención a los pozos, en avenidas a las bicicletas y peatones,  y rutas o autopistas debes estar atento por las altas velocidades en la que estás conduciendo. Tampoco es lo mismo manejar en el campo que en la ciudad, y tampoco es lo mismo manejar una Toyota Hilux, un Ford Fiesta,  o un Fiat 600. No es lo mismo manejar rápido que manejar prudentemente y así, existen varios criterios en lo que nos basamos para decidir quién es buen conductor.
El andar económico de un país, así como decidir quién es buen conductor, depende de varios factores, tanto endógenos como exógenos, que muchas veces escapan a la buena o mala gestión de un equipo económico, elegido por el poder ejecutivo. Una mala cosecha, la decisión de desinvertir de algún capital privado, las tasas de interés internacionales, o los precios internacionales de tus bienes exportables, son ejemplos de estos factores que no son decisión de un equipo económico sino más bien son los obstáculos o las características de la ruta por la cual nos toca transitar.
Es común que  a la gran mayoría nos “guste” o estemos “a favor o en contra” de un gobierno, dependiendo del andar económico en el período en el cual les tocó gobernar, sin embargo nuestra lectura no va mucho más allá de eso.
¿Qué es lo que genera esta lectura acotada o sin fundamento?
Genera una dependencia en los políticos, una necesidad, que luego es traducida en clientelismo, populismo, y maquillaje, que siempre terminamos pagando muy caro.
Si como pueblo no nos instruimos para entender que mecanismos económicos operan en el mundo, cual es la realidad internacional y estructural que afecta nuestra economía, y cuáles son las políticas que se han llevado adelante por un equipo económico, siempre los políticos se verán tentados a maquillarnos la realidad, ya que muchas veces nuestro voto (y su continuidad en el cargo) dependerá justamente de lo que llamamos el andar económico.
En cambio, si nos basamos en la gestión para decidir un voto, el político estaría desligado a tener que vendernos gato por liebre para continuar en su cargo. Aún si el bienestar económico es peor que en el periodo anterior, si analizamos las políticas llevadas adelante para sortear estos factores endógenos y exógenos que mencionamos anteriormente, y que no son constantes en el tiempo sino muy variables, podríamos llegar a la conclusión que una gestión de gobierno ha sido mejor que otra, teniendo quizás hasta un menor crecimiento.
Juan Carlos Travela
@JuanCTravela



[1] Diplomado en economía y administración, estudiante avanzado de la Lic. En Comercio Internacional, UNQ.