6 de agosto de 2016

La crisis del empleo ya es oficial en la Argentina

*Por Juan Carlos Travela

Mientras el aumento del desempleo es aceptado por los organismos oficiales, la situación internacional y el anuncio de inversiones nos obliga a reflexionar sobre las potencialidades reales del modelo económico elegido, y los posibles resultados en materia de recuperación del empleo.

El Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social publico, a finales de Julio, dos informes sobre la situación del mercado laboral en la Argentina donde se confirma la pérdida de 59.840 puestos de trabajo solo en el sector privado. Esta caída en la cantidad de personas empleadas se encuentra concentrada mayoritariamente en los siguientes rubros: construcción (-54.356), industria manufacturera (-26.832), agricultura y ganadería (-9.895), actividades inmobiliarias (-5.909), y minería (-5.460). Por otro lado, entre los sectores que generaron empleo, y en cierta medida lograron atenuar esta crisis, se encuentran: comercio y reparaciones, servicios sociales, y enseñanza, con un aumento de 13.073, 10.478, y 7.742 respectivamente. Este saldo negativo respecto a los empleos registrados en el sector privado es el más alto, al menos en los últimos 5 años como muestra el informe, y, aunque no presenta números exorbitantes, nos permite pensar que la crisis del empleo llegó a nuestro país.
Cerca de 60 mil nuevos desocupados son los que aportó la Argentina a los 201 millones de desocupados que existen a nivel mundial según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Sumado a esto, el panorama es más desalentador, ya que esta institución estima 11 millones de nuevos desocupados en los próximos tres años, visión que se encuentra acorde a las estimaciones de los empresarios argentinos, ya que en el corto plazo, el 85% de las empresas argentinas encuestadas en el informe mencionado anteriormente, no esperan aumentar sus dotaciones de trabajadores.
 Este panorama se contrapone al presentado por el Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas que comunica desde su portal los “anuncios” de inversiones en el país a partir del 10 de Diciembre de 2015, los cuales alcanzan un total aproximado de 30 mil millones de dólares. Lamentablemente para las personas que se encuentran desocupadas, casi el 30% de estos “anuncios” de inversión se destinan al sector minero, actividad que más recibe inversiones pero que genera solo el 1% del trabajo registrado en el sector privado. Para ser más precisos, este sector genera 82.459 de los 6.135.254 puestos de trabajo según informa el Ministerio de Trabajo.
Ante este escenario es imprescindible discutir y analizar alternativas. La OIT afirma que las mayores limitaciones en materia de creación de empleo y reducción de la pobreza se observa en los países cuyas exportaciones se basan en recursos naturales y bienes primarios. Esto nos retrotrae a la vieja discusión sobre la especialización económica, ya que lo que establece las diferencias entre las distintas sociedades es la especialización en sus actividades productivas, es decir, “como participan en el modo de organizar territorialmente la división del trabajo internacional”, en palabras del vicepresidente boliviano Álvaro García Linera.         
En este sentido, entre la minería, la agricultura, la ganadería y la silvicultura se acumula solo el 32% de la mano de obra generada por el sector manufacturero, siendo este último el más importante para la generación de trabajo.
Por último, según el INDEC  la utilización de la capacidad instalada en la industria se ubica en el 64.9%, mientras desde el Ministerio de Hacienda se anuncian inversiones por más de 7500 millones de dólares en el sector. Aunque esto permita pensar en una recuperación, este anuncio no ha logrado mejorar las expectativas en las empresas encuestadas por el Ministerio de Trabajo. La pregunta parece ser clara, ¿qué actividad mano de obra intensiva podemos impulsar de forma competitiva en un mercado interno deprimido, y con mercados externos que no prevén recuperación de empleo en los próximos años?  


 * Licenciado en Comercio Internacional por la Universidad Nacional de Quilmes. El autor es colaborador del proyecto de investigación “Innovación tecnológica y social en la promoción del derecho a la ciudad de la sociedad del conocimiento” que dirige la Dr. Ester Schiavo, radicado en la UNQ, y es integrante del Colectivo de Investigación Crítico de la UNQ coordinado por el Lic. Emanuel Mascareño. En los últimos años ha publicado en la revista del observatorio de Guyana y Surinam del Centro de Argentino de Estudios Internacionales.

Esta columna fué publicada en Notas-Periodismo Popular el día 4 de Agosto de 2016. Ver: http://notas.org.ar/2016/08/04/crisis-empleo-oficial-argentina/


16 de julio de 2016

La Integración Económica en Debate


Mientras por un lado el BREXIT realza la discusión sobre las uniones económicas, el 80% de la producción mundial y el 66% del comercio internacional se da entre los países que abarcan el TTP y el TTIP. ¿Qué postura debe mantener la Argentina frente a los acuerdos y la integración económica?

El nuevo rumbo político de la Argentina puso sobre la mesa la discusión sobre los acuerdos de integración económica. Mientras la Argentina es nombrada país observador de la Alianza del Pacífico, el MERCOSUR pretende avanzar en un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, avanzan las negociaciones por los mega-acuerdos regionales (TTP y  TTIP por sus siglas en inglés); y Gran Bretaña decide abandonar la Unión Europea, el ya conocido BREXIT.
Ante este convulsionado escenario, no es sencillo tener una opinión firme sobre cuán positivo o cuán negativo puede ser formar parte de estos acuerdos, o cuál debe ser rechazado y cuál no, ya que la opción de  rechazarlos a todos nos llevaría a volver sobre viejos interrogantes: ¿Qué implica un acuerdo de integración?, ¿Es positivo el comercio internacional?, ¿Para qué comerciamos con el mundo?,  etc.

Casi todos los países del mundo forman parte de al menos un acuerdo comercial regional, siendo más de 270 los acuerdos que existen actualmente. Estos acuerdos son entre dos o más países socios que buscan el objetivo de liberalizar los flujos de comercio e inversión entre los países participantes. Los mega-acuerdos se caracterizan por buscar la integración entre una gran cantidad de países, y establecer normas sobre temas que previamente quedaban fuera de la órbita de los acuerdos, como por ejemplo, el comercio electrónico, contratación pública, solución de diferencias, propiedad intelectual, entre otros. Entre los países que se encuentran negociando el TTIP y el TTP se da el 66% del comercio mundial, dato no menor en función de responder los interrogantes planteados anteriormente. Las 12 economías que forman parte del TTP representan el 40% del PBI mundial y el 25% del comercio internacional. Además, no se descarta  que exista a futuro una convergencia entre estos dos acuerdos, ya que tanto la UE como Estados Unidos poseen tratados de libre comercio con varios de sus socios comunes, lo que implicaría un acuerdo que abarca el 80% de la producción mundial (BID, 2016).

Los objetivos de firmar acuerdos comerciales regionales son según el BID (2016): obtener acceso preferencial a mercados, atraer inversiones, incrementar el poder de negociación a nivel global, consolidar reformas políticas nacionales, y profundizar la liberalización comercial existente. No participar implica no tener ese trato preferencial, perder destinos de exportación, y en definitiva, comerciar menos (Porta, et. al. 2012)

No será objetivo de este escrito retomar la discusión sobre el comercio internacional, comenzada por Adam Smith en 1776, y continuada por David Ricardo (1817), entre otros autores, ya que hoy en día nuestro país necesita exportar para hacer frente  a las importaciones necesarias, como por ejemplo, energía, insumos que no producimos en el país, bienes finales que importan sus ciudadanos, y también hacer frente a las obligaciones de deuda.
Por este motivo, es necesario poner el foco de atención en lo que sí se conoce respecto a la integración económica. Los países que no formen parte de los acuerdos, se exponen a sufrir desvío de comercio y desvío de inversiones. “Los costos de exclusión potenciales se medirán en términos de menores exportaciones, y de menores inversiones, y, en el tiempo, de menores tasas de crecimiento” (Porta, et. al. 2012. pp. 130). Siendo mayores los costos de exclusión mientras más grandes son los acuerdos formados.

Sin embargo, la idea de los costos de exclusión  a fin de evitar un tratamiento comercial discriminatorio es una motivación defensiva, que puede llevar a los países a tomar decisiones erróneas,  es decir, a pagar cualquier costo por el “boleto de entrada”. La política arancelaria no se define por un objetivo fiscalista de recaudación de impuestos, sino que tiene definidos propósitos de orientación del desarrollo de la estructura productiva, es decir, emitir señales para el proceso de asignación de recursos. Por lo tanto, la firma de un acuerdo también incide en cual va a ser el patrón de inserción internacional del país, y a su vez cuál va a ser la capacidad de generar empleo para la población (Porta, et. al 2012).

Vale aclarar que un acuerdo en sí mismo no es malo. Puede implicar fuertes regulaciones para terminar con el trabajo esclavo, para transparentar la contratación pública y poner topes a las ganancias extraordinarias, garantizar la redistribución de la riqueza, el acceso a la educación de forma equitativa, no solo dentro de la nación, sino también a nivel intra-acuerdo, entre otros.
Pero lamentablemente no parece ser este el caso. El TTP ha sido negociado en secreto durante los últimos cinco años sin la participación ciudadana, y hasta el momento, lo poco que se conoce no es para nada alentador. Desde distintas ONG, marchas ciudadanas a nivel global, hasta el mismo Joseph Stiglitz, economista premio nobel, se han pronunciado en contra del TTP, siendo muy críticos respecto a lo que este implicaría para la sociedad.


Para concluir, el texto tuvo el objetivo de traer más elementos al debate que claro, necesitan ser profundizados. Sin embargo, pretende dejar un panorama más claro respecto a las consecuencias de formar parte o no de los tratados comerciales, ya que los efectos de la integración o el rechazo cruzan, sobre todo en estos dos mega-acuerdos, muchos ámbitos de la vida.

Referencias:
BID, (2016). “Nuevas tendencias en los tratados comerciales regionales en América Latina”.
Porta, Fernando. et. al. (2012). Integración económica. Universidad Nacional de Quilmes, Bernal.
                          
* Licenciado en Comercio Internacional por la Universidad Nacional de Quilmes. El autor es colaborador del proyecto de investigación “Innovación tecnológica y social en la promoción del derecho a la ciudad de la sociedad del conocimiento” que dirige la Dr. Ester Schiavo, radicado en la UNQ, y es integrante del Colectivo de Investigación Crítico de la UNQ coordinado por el Lic. Emanuel Mascareño. En los últimos años ha publicado en la revista del observatorio de Guyana y Surinam del Centro de Argentino de Estudios Internacionales

Esta columna ha sido publicada por los medio Notas - Periodismo Popular y The Dawn-News